Motivación y optimismo, la mejor medicina

  • 10 de Enero de 2018
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“Haga de cada fracaso un peldaño de la escalera que le llevará al éxito”. Es una frase pronunciada por John C. Maxwell, escritor, orador y coach especializado en el liderazgo. Pensemos por un momento en todas las situaciones negativas que nos pueden pasar en la vida. La pérdida de un ser querido, el diagnóstico de una enfermedad grave, una ruptura sentimental, perder un trabajo, etc. Son situaciones verdaderamente difíciles, que marcan nuestras vidas y que en ningún momento podemos prever. Sin embargo y a pesar de las circunstancias, como todo en la vida, tienen un lado positivo.

Si cada vez que en nuestra vida nos encontrásemos una situación parecida, no supiéramos ver el lado positivo y salir de ella, sería imposible continuar adelante para afrontar nuevas situaciones y no solo eso, las personas que están en nuestro entorno también se verían afectadas y el mundo se nos caería encima. A pesar de ello, como somos seres sociables y nos apoyamos mutuamente, somos capaces de superar todo obstáculo que se interponga en nuestro camino. Pero para ello necesitamos motivación.

El diccionario de Real Academia Española de la Lengua define el término motivar como “influir en el ánimo de alguien para que proceda de un determinado modo”. Pero la motivación por sí sola no funciona, debe ir de la mano de su compañero de viaje, el optimismo. Es muy importante saber gestionar ambos aspectos ya que si alguno de los dos falla, el otro tampoco se sostiene. Y esto mismo se puede trasladar al ámbito de las empresas.

Cualquier directivo en una empresa tiene que ser capaz de gestionar, no solamente un equipo de personas, sino las circunstancias que rodean al equipo, y transmitir motivación y optimismo. Siempre habrá tareas que no gusten a todo el mundo, o proyectos que sean muy repetitivos que hasta a él mismo no le agraden. Pero en todo momento debe ser capaz de gestionar y transmitir optimismo y motivación. Aunque a veces lo más fácil es cerrarse en el despacho, dar órdenes, realizar seguimientos, echar broncas y salir puntual para no dedicar un minuto de más a la empresa. Pero entonces esa persona no es un líder, sino que se convierte en un jefe tradicional. Y convertirse en jefe genera desconfianza, desmotivación y falta de compromiso en el resto de integrantes del equipo.

En la situación opuesta, cuando tanto motivación como optimismo están presentes, junto con una buena planificación estratégica, las cosas funcionan mejor. Todo el personal de la empresa acude a su trabajo cada día con ganas de aportar lo mejor de si mismo. Además, simplemente marcando unas directrices generales a partir de las cuales se alcancen los objetivos, todos ellos se pueden lograr. Para llevar a cabo un seguimiento efectivo, únicamente bastará con establecer reuniones periódicas, en la que los miembros del equipo muestren su progreso y en el caso de que algo no funcione, los demás miembros aportarán ideas de mejora y el director podrá redistribuir el trabajo para que todas las tareas vayan al día. A sí mismo, las decisiones tomadas por el líder serán fruto del consenso de todos los participantes de la reunión, por lo que se tomarán como propias y se generará un entorno de compromiso y responsabilidad.

En el caso de que alguno de los miembros del equipo no adquiera el compromiso general, no podrá ser partícipe del proyecto y por lo tanto no se integrará adecuadamente en el funcionamiento del equipo. Si se produce esta situación, el líder deberá escuchar los argumentos de la persona y tratar de persuadirle, siempre desde una perspectiva de comprensión y actitud positiva, para encauzar la situación. Si no lo consigue y la persona no se integra adecuadamente en el equipo, no podrá participar en el proyecto común.

Otra circunstancia posible puede ser el fracaso del proyecto, en cuyo caso, el director deberá reunirse con todos los miembros del equipo para analizar el porqué del fracaso. Esta circunstancia servirá como lección para futuros proyectos, siempre evaluando los errores cometidos desde una perspectiva positiva y manteniendo ese espíritu de motivación hacia los demás.

En conclusión, como todo en la vida, una decisión puede ser errónea, una planificación puede estar mal hecha y un proyecto puede fracasar, pero siempre se puede sacar algo de lo que aprender. Para conseguir un objetivo o alcanzar una meta, con optimismo y motivación se podrá alcanzar sin problema ninguno, y la satisfacción general del grupo será un aspecto que fortalecerá y cohesionará al equipo de trabajo, de tal forma que todos: empresa, directivos, empleados y clientes, saldrán beneficiados.

 

Fuente:Blogs.deusto

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